Mostrando entradas con la etiqueta autocontencion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autocontencion. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de octubre de 2014

Las doce reglas del éxito, según Steve Jobs

  • Se tú mismo y haz lo que te gusta. Seguro que no nos descubre nada, ¿pero te has encontrado alguna vez en un trabajo que simplemente odias? Seguramente habrá sido un horror el pasar tiempo allí y es que la primera clave del éxito es hacer aquello que te gusta, aquello que genera pasión, ilusión y hace que te levantes cada mañana con ganas de ello. Un trabajo o producto realizado sin pasión es un producto sin alma.
  • Se diferente. Piensa diferente. Somos muchos muchos millones de personas en este mundo, marca la diferencia.
  • Esfuérzate al máximo. Si algo te gusta, la consecuencia inmediata es que dedicarle tiempo y esfuerzo no será un problema, ‘No te duermas, el éxito genera más éxito”.
  • Haz un análisis de los pros y contras. Tan pronto como realizas un nuevo producto o crees tu nueva empresa, crea una lista de pros y contras de la misma. Es importante tener las debilidades muy presentes y eliminarlas lo antes posible.
  • Sé emprendedor. Esperar no sirve de nada, el éxito no cae del cielo, lo busca uno. Busca lo próximo, una idea que nadie a experimentado anteriormente y esfuérzate al máximo en ella
  • Piensa en tus pasos futuros. Comienza dando un pequeño paso capaz de convertirse en un gran salto el día de mañana, no olvides planificar el futuro pero centrarte en un grupo de tareas reducidas y simples para comenzar y posteriormente evoluciona tu idea hasta crear el producto definitivo.
  • Aspira a ser el líder. No existe mejor forma de demostrar quien es el líder que utilizando tecnologías rompedoras que nadie más usa. Selecciona lo mejor de la industria y úsalo en tu propio beneficio, se el primero y conviertela en un estándar de la industria.
  • Visualiza el resultado. La gente te valorará por el resultado así que enfócate en él e intenta ofrecer el mejor posible usando la mejor calidad, el diseño y la excelencia. El diseño es importantísimo, pero “no es sólo como se ve o qué parece, es como funciona“.
  • Pide opinión. Comprueba tus ideas con personas de diferentes orígenes a los tuyos, cada persona te aportará algo diferente. Enfócate en aquellos que van a usar tu producto y escucha a tus clientes.
  • Innova y crea, no copies. La diferencia entre un líder y un seguidor es clave, marca la diferencia y dedica la mayor parte de tu tiempo en cosas nuevas. Concéntrate en las creaciones importantes y en la innovación. Contrata a gente que queira hacer los mejores productos del mundo y pon a su disposición todos los medios.
  • Aprende del fracaso. La mejor forma de mejorar es aprender de tus propios errores, cuando innovas cometes errores. Es bueno admitirlos y seguir mejorando tus otras innovaciones.
  • Aprende continuamente. Todo el mundo tiene algo que aportarte: clientes, competidores, socios… escucharlos, aprende de ellos y entiende su punto de vista.

martes, 9 de octubre de 2012

La desesperanza aprendida


Autor: Dr. Renny Yagosesky Autoayuda

Uno de los conceptos psicológicos más importantes de los últimos años, es el de “desesperanza aprendida”, que es un estado de pérdida de la motivación, de la esperanza de alcanzar los sueños, una renuncia a toda posibilidad de que las cosas salgan bien, se resuelvan o mejoren. ¿Cómo evitar y superar tan perjudicial emoción? Siga leyendo.

La vida humana, dependiendo de cómo sea viva, y de nuestra manera de relacionarnos con el mundo, puede ser una sucesión de experiencias hermosas, nutritivas y significativas que nos permitan alcanzar plenitud y paz. También es posible, sin embargo, que esas experiencias resulten frustrantes, dolorosas y desalentadoras.

Que sea de una manera o de otra depende de causas diversas que pueden ser de tipo biológico, psicológico o cultural. Las predisposiciones innatas de corte genético pueden degenerar en limitaciones de la capacidad funcional física o mental; los aspectos sociales o políticos, pueden hacer que nos veamos envueltos en grandes carencias de recursos necesarios para sobrevivir o en guerras que reduzcan al mínimo la calidad de vida. Aquí, sin embargo, se hará referencia a un tercer factor, el psicológico, como agente causal principal para la reducción del éxito y la felicidad. En especial, se hará referencia a una categoría, concepto o constructo psicológico que se dado en llamar: “desesperanza aprendida”.

En términos generales, la desesperanza es considerada un pesar, una enfermedad, una maldición de gran potencia limitante. El filósofo Nietzsche, la consideraba “la enfermedad del alma moderna”. Puede decirse que es un estado en el que se ven debilitados o extinguidos, el amor, la confianza, el entusiasmo, la alegría y la fe. Es una especie de frustración e impotencia, en el que se suele pensar que no es posible por ninguna vía lograr una meta, o remediar alguna situación que se estima negativa. Es una manera de considerarse a la vez: atrapado, agobiado e inerme.


Desesperanza no es ni decepción ni desesperación. La decepción es la percepción de una expectativa defraudada, la desesperación es la pérdida de la paciencia y de la paz, un estado ansioso, angustiante que hace al futuro una posibilidad atemorizante. La desesperanza, por su parte, es la percepción de una imposibilidad de logro, la idea de que no hay nada que hacer, ni ahora, ni nunca, lo que plantea una resignación forzada y el abandono de la ambición y del sueño. Y es justamente ese sentido absolutista, lo que le hace aparecer como un estado perjudicial y nefasto.

Martin Seligman, creador de una corriente psicológica conocida como “Psicología Positiva”, estudió a fondo este tema, y junto con un destacado colaborador, Steven Maier sometieron a un grupo de perros a un experimento en el que se les aplicaba descargas eléctricas, impredecibles e incontrolables.

Entre sus conclusiones, reportaron que los animales se vieron impedidos de predecir o controlar el estímulo doloroso, por lo cual perdieron su motivación y lucían desanimados, lentos y torpes para actuar y limitados para aprender nuevos comportamientos.

Hoy sabemos que en la política y en la guerra se usan estrategias para generar en los disidentes, opositores y / o enemigos, estrategias de este tipo para desmoralizarlos y evitar iniciativas resistentes a los abusos de poder.

Para superar la Desesperanza aprendida, es necesario:

Ø Comprender que se trata de una percepción y no de una realidad.

Ø Asumir que todo pasa y que cada día es nuevo, y está lleno de posibilidades y potencialidades.

Ø Buscar formas creativas de abordar la situación valorada como amenaza.

Ø Apoyarse en personas que tengan otros recursos que usted no posea.

Ø Reevaluar o reconceptualizar la situación en busca de ángulos positivos.

Ø Aceptar, adaptarse y esperar un mejor momento para actuar, si considera que realmente nada puede cambiarse aquí y ahora.

Ø Centrarse en los recursos, dones y talentos, en vez de enfocarse en el problema o en sus posibles consecuencias negativas.

Ø Buscar en su experiencia conductas que le hayan servido para superar situaciones similares.

Ø Segmentar la acción. No se enrede. Defina una estrategia y dé un paso a la vez para salir del atolladero.

Lo más importante aquí, es que comprenda que la gran mayoría de las veces, salvo en casos extremos de catástrofes naturales o eventos críticos inesperados, lo que vemos como “problema” es en realidad una idea mental que se genera cuando evaluamos una situación en razón de nuestras posibilidades de resolverlo. No es algo que está allá “afuera”, y sobre lo cual no tenemos influencia alguna. Reflexione sobre esto, tome precauciones y viva lo mejor que le sea posible.

miércoles, 25 de abril de 2012

Aumenta tu fuerza de voluntad

ElSecretoSobreLaLeyDeAtraccion.com
La fuerza de voluntad es la capacidad para resistir la gratificación inmediata (o la tentación de tener algo que deseas ahora mismo y no después) para poder alcanzar un objetivo más a largo plazo. Implica una capacidad de autocontrol y es algo que puede aprenderse y mejorarse. Algo más del 90% de las personas suelen proponerse alguna meta de año nuevo porque desean hacer algún cambio en su comportamiento, como dejar un hábito, perder peso o acudir al gimnasio de manera regular. Sin embargo, la falta de fuerza de voluntad suele ser la responsable de que una gran mayoría abandone sus objetivos poco después de empezar. Algunas personas tienen más facilidad que otras para resistir la tentación, debido a que tienen una mayor capacidad de autocontrol. Sin embargo, resistir la tentación requiere una gran cantidad de energía mental y esfuerzo, de manera que muchas personas simplemente se cansan y abandonan. Para fortalecer tu capacidad de autocontrol: 1. Practica. Puedes fortalecer tu fuerza de voluntad del mismo modo que fortalecerías cualquier músculo: entrenándote. Así, cuanto más ejerzas tu autocontrol más irá creciendo tu fuerza de voluntad. De hecho, practicar el autocontrol en cualquier cosa, te ayudará a tener más autocontrol en todo lo demás. Puedes proponerte practicar un poco cada día con cosas que haces habitualmente. Por ejemplo, si compruebas tu correo electrónico o los SMS en tu teléfono móvil con bastante frecuencia, puedes practicar tu autocontrol posponiendo la comprobación de dichos mensajes. O bien haz cosas al revés de cómo las haces habitualmente, como escribir con la otra mano. Pero ten cuidado de no pasarte. Practica en pequeñas dosis porque tus reservas de autocontrol pueden agotarse. 2. Cambia tu pensamiento. Tu fuerza de voluntad está en gran parte dirigida por tu pensamiento, de manera que cambiando tu pensamiento lograrás tener más autocontrol. Para ello, deberás dejar de pensar cosas como: "tengo que tener eso ya porque lo deseo mucho, no puedo esperar, no puedo resistirme, no soporto la incomodidad y el malestar, no soporto esta frustración, es muy difícil, es demasiado duro", y empezar a pensar cosas como: "puedo hacerlo, puedo soportarlo, no es tan terrible, he dicho que voy a hacerlo y lo haré, no es tan difícil, resistiré la tentación". Por tanto, un buen modo de empezar a tener más fuerza de voluntad consiste en hacer una lista con todas esas frases que puedes decirte a ti mismo en vez de las que te dices habitualmente. 3. Haz pequeños cambios. Si estás a dieta y deseas comer algo que no deberías, como un dulce o helado, puedes sustituirlo por otra cosa que también te guste pero tenga menos calorías, como una fruta, de manera que no tendrás que ejercer tanto autocontrol. 4. Ten cuidado con lo que te exiges. Sé realista. No te propongas metas que son para ti inalcanzables, o divide una meta mayor en varias submetas más pequeñas. Por ejemplo, si necesitas perder 10 kilos, puedes empezar por proponerte perder tres o cuatro, luego hacer un descanso con una dieta de mantenimiento para no recuperarlo y luego perder otros tres o cuatro y así sucesivamente. 5. Busca alguien que te apoye. El apoyo de alguna persona puede ser de gran ayuda para alcanzar tus metas. Por ejemplo, es más fácil acudir cada día al gimnasio si vas con algún amigo. Y si deseas dejar de fumar, pide a tus amigos que intenten no fumar delante de ti o al menos que te ayuden en lo posible. 6. Controla las tentaciones. Si estás rodeado de tentaciones, te será más difícil alcanzar tu objetivo. Si quieres adelgazar, procura no tener dulces en casa; si quieres dejar de fumar, no tengas tabaco o ceniceros y busca preferentemente la compañía de no fumadores, en la medida de lo posible. 7. Céntrate en una sola meta. Si tienes varias metas que alcanzar, céntrate primero solo en una hasta alcanzarla y luego pasa a la siguiente.

jueves, 8 de marzo de 2012

8 de marzo: Día Internacional de la Mujer


Mujeres:
Ellas sonríen cuando quieren gritar. Cantan cuando quieren llorar. Lloran cuando están felices y ríen cuando están nerviosas. Luchan por lo que quieren. No toman un"no"por respuesta cuando creen que hay una mejor solución. Andan sin zapatos nuevos para que sus hijos puedan tener los suyos. Van al médico con una amiga asustada. Aman incondicionalmente. Lloran cuando sus niños sobresalen y animan a sus amigos a que lo hagan. Se les rompe el corazón cuando muere un amigo. Sufren con la pérdida de un miembro de la familia, aunque son fuertes cuando creen haber perdido la fuerza. Saben que un beso y un abrazo pueden curar un corazón herido. Las mujeres vienen de todos los tamaños, colores y formas. Ellas manejan, vuelan, caminan, corren o escriben por correo electrónico para demostrarte cuánto les importas. El corazón de una mujer es lo que hace al mundo girar. Las mujeres hacen más que solo dar a luz: traen alegría y esperanza. Ellas dan compasión e ideales. Dan apoyo moral a sus familiares y amigos.
Alterada? Síiiiiiii!!! Y a mucha honra.
Maitena

miércoles, 17 de agosto de 2011


"La gente mediocre a veces tiene éxito porque no sabe cuándo parar. La mayoría de las personas triunfadoras logran el éxito, solo porque tienen la suficiente determinación para alcanzarlo."
-GEORGE ALLEN
“Es el corazón quien hace a un hombre rico. El hombre es rico por lo que él es, no según lo que él tiene.”
-HENRY WARD BEECHER
"La verdadera oportunidad de conseguir éxito, está dentro de nosotros y no en nuestro trabajo. "
-Zig Zigla
"Considero mi cuerpo como un instrumento y no como un ornamento."
-ALANIS MORISSETTE
"Competir es doloroso, pero da grandes resultados."
-JERRY FLINT, Forbes
"Lo que echa a perder a los hijos no es darles más, sino darles más para evitar pataletas."
-JOHN GRAY
"No hay que confundir la debilidad con la capacidad de entender el punto de vista de los demás."
-GEORGE BUSH
"Los únicos bienes intangibles son los que acumulamos en el cerebro y en el corazón; cuando ellos faltan ningún tesoro los sustituye."
-JOSÉ INGENIEROS
"No hay limitaciones para la mente exepto las que aceptamos, la pobreza y la riqueza son vástagos del pensamiento."
-Napoleon Hill
"No hay grandeza donde faltan la sencillez, la bondad y la verdad."
-LEÓN TOLSTÓI
"En el mundo de los negocios siempre se ve mejor por el espejo retrovisor que por el parabrisas."
-WARREN BUFFETT
"La ira nos empequeñece, mientras que el perdón nos obliga a crecer."
-CHÉRIE CARTER-SCOTT
"Tener un titulo universitario no indica que uno sea un producto acabado, sino tan sólo que está preparado para la vida."
-REVERENDO EDWARD MALLOY
"Los planes no son nada, sin embargo la planificación lo es todo."
– Dwight D. Eisenhower
"Si no cambia su forma de ser siempre obtendrá lo que ha conseguido."
-Jim Rohn

miércoles, 16 de marzo de 2011

Alguna vez...



Los altos árboles del bosque, erguidos hacia el cielo, instruían al pequeño árbol que crecía entre ellos.

- Alguna vez - decían - , alguna vez serás alto como nosotros y entonces podrás ver el agua cristalina de los lagos allá abajo, la nieve virginal entre las montañas allá arriba. Alguna vez...
El viento, cuando bajaba a la altura del árbol pequeño, también le informaba.

- Vengo de todas partes y lo sé todo. Conozco los bosques, los ríos, los mares, los campos, las ciudades de los hombres... Cuando seas grande te contaré cosas... Alguna vez...
Al llegar la primavera, cuando los pájaros venían en busca de calor y alimento, piaban comentando:

- Hay sitios donde todo es arena; donde todo es nieve; hay sitios donde todo es agua... Alguna vez, cuando seas más alto y más sólido, haremos nuestros nidos en tus ramas y te contaremos todo lo que sabemos. Alguna vez...
Y el pequeño árbol seguía inmóvil, repitiendo a todas sus hojas tiernas esas palabras excitantes:

- Alguna vez, alguna vez...
Pero ese "alguna vez" era lento, resultaba lejísimo. El pequeño se impacientaba y preguntaba cosas a la lluvia, al granizo, a la nieve. Todos conocían el mundo. Todo parecían sabios y aventureros. Todos terminaban diciéndole: "Alguna vez, alguna vez..."

Una tarde, por fin, sucedió algo novedoso. Pasó junto al pequeño árbol un hombre corpulento de barba oscura y ojos grandes conduciendo un asno con la brida. Montada en el animal iba una mujer muy hermosa y dulce que estaba embarazada. Se detuvieron y el hombre musitó:

- Esto es lo que necesito. Perdóname pequeño árbol pero debo cortarte.
Y con un hachazo ocasionó la primer herida en la madera del joven árbol. Este suspiró y sangró un poquito de savia. El dolor era intenso. El hacha penetraba cada vez más en su carne vegetal. Se sentía débil, indefenso y solo. No lamentaba tanto su sufrimiento físico como ese "alguna vez" que temía perder para siempre.

El hombre no cejó en su intento. Cortó todo el árbol en trozos pequeños y los acomodó en el morral. Siguiendo el camino, llegaron a un lugar donde había un buey y otros animales. Allí el hombre sacó los trozos, los cepilló, los pulió y los ensambló, quedando el árbol transformado en una cunita rústica.

La cunita, al mecerse parecía gemir: "alguna vez, alguna vez..."

Todavía aquel pobre árbol no había comprendido cual sería su misión. Pero esa noche, justamente a las doce, sintió un débil llanto. Una música y una luz extrañas envolvieron el lugar. Se escuchaba un sedoso revoloteo de ángeles. El llanto del niño que acaba de nacer parecía más bien un canto.

El árbol hecho cuna notó que depositaban entre sus maderas cubiertas de heno tibio el cuerpecillo de una criatura muy especial. Y lo sintió moverse suavemente en su interior.

De pronto intuyó que el "alguna vez" ya había llegado.

Ni los árboles altísimos, ni el viento, ni los pájaros, ni las nubes habían experimentado nunca la gloria que en ese momento él gozaba, cuando ya no era más árbol sino cuna. Ahora, estaba como en la gloria. Estaba con Dios mismo.

Mientras tanto, en el bosque, todos apenados comentaban: "pobrecito arbolito, ha quedado frustrado, ya nunca tendrá "alguna vez"...

Arbol nuevo,
sabia nueva.
Dolor.
Un gran amor.
Sólo salva
un gran amor.

domingo, 27 de febrero de 2011

CUENTO SUFI


Los sufis constituyeron una corriente mística -que nosotros conocemos más como la filosofía de los derviches-, que utilizaba la parábola y el cuento para transmitir sabiduría, como casi todos los pueblos místicos de la historia.

El protagonista de las historias sufis es siempre el mismo, se llama Nasrudím y es un personaje muy particular. A veces es un viejo decrépito, a veces es un joven; otras, un sabio y otras un torpe o un tonto. También aparece como un hombre adinerado, o como un mendigo. Pero siempre se llama Nasrudím. Que esos personajes tan distintos tengan el mismo nombre, quizá sirva para mostrar que nosotros somos, también, cada uno de esos personajes. O tal vez, que tenemos la capacidad de ser de diferentes maneras.

Específicamente en esta historia, Nasrudím es un hombre que, por alguna razón que él desconoce, ha cosechado fama de ser lo que entre los sufis se denomina "un iluminado", esto es, alguien que ha logrado un cierto conocimiento sobre cuestiones importantes y trascendentes para otros. El, sin embargo, sabe que en realidad no sabe nada; está convencido de que lo único que él ha hecho es viajar y escuchar, pero que con certeza no tiene grandes cosas para decir.


El cuento empieza cuando Nasrudím llega a un pequeño pueblo en algún lugar de Medio Oriente. Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudím, que en verdad no sabía qué decir, se propuso improvisar algo. Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

- Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán qué es lo que yo tengo para decirles.

La gente dijo: - No... ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos. ¡Háblanos!

Nasrudím contestó: - Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes, mientras Nasrudím se alejaba, dijo en voz alta: - ¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "sí, claro, qué inteligente". Y entonces, todos empezaron a repetir: - ¡Qué inteligente!.

Hasta que uno añadió: - Sí, qué inteligente, pero... qué breve.

Y otro agregó: - Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudím, aludiendo que su conocimiento era demasiado para reunirlo en una sola conferencia. Nasrudím dijo que no, que de ninguna manera, que su conocimiento apenas alcanzaba para una conferencia y que jamás podría dar dos. La gente dijo: - ¡Qué humilde! E insistió en que querían escucharlo una vez más, hasta que finalmente, después de mucho empeño, Nasrudím accedió.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, se paró frente al público e insistió en su técnica:

- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido a decirles.

La gente, cuidando de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia, dijo:

- Sí, claro, por supuesto que lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudím bajó entonces la cabeza y añadió:

- Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetirlo.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente volvió a quedar estupefacta. Hasta que alguien, otro alguien, gritó: - ¡Brillante!, tras lo cual el resto comenzó a decir:

- ¡Sí, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer! - ¡Qué maravilloso! - ¡Qué espectacular! Y enseguida se oyó: -

¡Queremos más, queremos escucharlo más. Queremos que este hombre nos dé más de su sabiduría!

De manera que una delegación de los notables fue a verlo para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. A pesar de la negativa de Nasrudím, la gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez, hasta que aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, aceptó.

Por tercera vez, se paró frente al público, que ya era multitudes, y les dijo:

- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido yo a decirles.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del pueblo contestaría. El hombre, desde la primera fila, dijo: - Algunos sí y otros no...

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos siguieron a Nasrudím con la mirada. Entonces, el maestro respondió:

- En ese caso, los que saben... cuéntenle a los que no saben.

Y nuevamente se levantó y se fue.

¿Cuándo y cómo sabemos, que lo que sabemos es realmente algún saber?

¿Cuándo y cómo sabemos que lo que creemos, o sabemos que somos hoy, seremos mañana?

¿Cuánto es en realidad lo que sabemos, más allá del propio involucramiento que limita nuestra visión de las cosas?