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jueves, 21 de julio de 2011


De cara al Día del Amigo, el psicólogo social Alfredo Moffat dialogó con Radio 10 acerca de la amistad en la era de internet, particularmente en las grandes ciudades. Recomendó "hacer amigos", porque "si uno se queda solo no sabe quién es; yo soy en relación con el otro"

Alfredo Moffat es psicólogo social, psicodramatista y arquitecto argentino. En diálogo con Radio 10, analizó algunas cuestiones relativas a las relaciones de amistad, con miras al Día del Amigo, el próximo 20 de julio.

En pleno auge de la era digital, Moffat observó que el chat no reemplaza a la amistad verdadera. "Con el chat soy amigo de cientos de personas pero no se quiénes son", afirmó.

Por otro lado, rescató que "en las ciudades más chicas, o zonas rurales hay amistades de mucho tiempo porque no hay tantos cambios." En cambio, las grandes ciudades, a su entender, fomentan la soledad.

"Antes era mucho más fácil vivir el desarrollo de la vida, porque ahora estamos muy separados. Las grandes ciudades, como Nueva York producen soledad, familias chicas, viviendo en departamentos chicos y la televisión contribuye más a que así sea."

Sin embargo, se mostró optimista al afirmar que eso "no va a durar para siempre" y recomendó: "la mejor manera de alimentar una amistad es haciendo algo juntos. Y si es un proyecto juntos, para la vida, eso te une más."

Por último, Moffat concluyó: La enfermedad es quedarse solo. Si yo me quedo solo voy no sabiendo quién soy, porque yo soy en relación con otro. Y de esos casos derivan las neurosis o psicosis."

miércoles, 19 de mayo de 2010


Planificación de Vida: Acción Versus Postergación

Por Dra. Flavia Frejman y Dra. Débora Grätzer


Mutilados por la postergación, muchas mujeres, hombres y organizaciones ven desperdiciadas sus capacidades y talentos.

¿Cómo poner fin a este mecanismo? ¿Cómo darse el permiso de la acción que conlleva la libertad? ¿Cómo despojarse de la pesada inercia?

Una mirada al Diccionario de la Real Academia Española nos informa que postergar quiere decir: ?hacer sufrir atraso, dejar atrasado algo, ya sea respecto del lugar que debe ocupar, ya del tiempo en que había de tener su efecto? y que procrastinar es, nada más ni nada menos que ?diferir, aplazar?.

Resulta curioso que, tanto en nuestra vida como individuos como en la actividad de las empresas, gestemos sueños y una visión a alcanzar que inicialmente nos movilizan e impulsan nuestra entusiasta energía creativa, para luego desvanecerse cuando nos dejamos envolver, inertes, por el cruel reinado de la procrastinación.

Encubierta tras máscaras que son más bien vanas excusas ?como por ejemplo la ?eterna reflexión que nunca llega a conclusión?- ejerce su dominio la postergación y resulta imposible encaminarse a producir la solución para resolver un problema que arrastramos o dar los pasos para alcanzar una meta anhelada.

La planificación es una actividad que muchas empresas y familias no están habituadas a llevar a cabo. Planificar no consiste simplemente en ordenar las tareas, sino que se trata de un ejercicio mucho más profundo, activo y comprometido, que debe estar seguido de la implementación para resultar eficaz.

En la previsión y la prevención que conllevan una adecuada planificación se conjugan los deseos (materiales, emocionales o espirituales) de un grupo de personas como horizonte a lograr, contextualizados con el estado de situación que nos brinda la realidad.

Sin embargo, una mirada a la aparentemente titánica tarea de enfrentar el cambio nos puede provocar el suficiente malestar como para ?procrastinar?. Entonces retrocedemos abandonando la posición de sujetos que van felices en busca de la concreción de un deseo o proyecto, para convertimos en objetos pasivamente librados a la inacción y al malestar.

El término que nos ocupa, se aplica comúnmente a la sensación de acentuada ansiedad generada ante una tarea pendiente de resolución. Lo que se ?procrastina? puede ser percibido como desafiante, inquietante, peligroso, difícil, tedioso, aburrido o estresante. Más lo que no se advierte es que esta postergación sólo consigue incrementar la ansiedad y la frustración alejándonos de nuestra meta.

La desconfianza crónica en aquellos que pueden ayudarnos, el descreimiento como hábito de vida, las diferentes formas del pesimismo, la inercia que muchas veces encubre el temor al éxito, nos instalan en la resignada ?costumbre? del malestar en el que estamos de alguna manera acunados, ante el temor de lo desconocido.

Así nos quedamos, amparados bajo la autojustificación y la excusa de la aparente ?prudencia? a la espera del momento oportuno, seguramente mejor, absolutamente irreal e idealizado, en el que todo será más fácil?. ?más adelante?, ?algún día?.

La Visión del Futuro

Al poner sobre la mesa la visión del futuro que queremos alcanzar, podemos sentir miedo al fracaso (una convicción de destino trágico, o de sufrimiento que nos erige ya antes de actuar, en ?perdedores? como una profecía autocumplida).

Mirar hacia adelante puede hacernos sentir abrumados, ya sea por la cantidad de cosas que implican cambiar el rumbo, la responsabilidad que conlleva y el impacto que los cambios tendrán sobre el entorno.

Paradójicamente, la elección termina siendo permanecer en la insatisfacción de ?aguantar? aquello que no nos gusta. Así es como, una vez instalada la procrastinación (el perpetuo dejar para después), comienza la parálisis que conduce a una muerte lenta ya sea de nuestros sueños como individuos, los de una familia o los de los fundadores de una empresa y de todos quienes son partícipes de su destino.

¿Cuál es el resultado de la postergación enraizada en la conducta de quienes tienen a su cargo la dirección de una empresa?

El aplazamiento de la resolución de los problemas. Peor aún: el incremento de los problemas que, lejos de estabilizarse, tienden a multiplicarse y agravarse como una plaga. La persona o la organización se ?enquistan?, sobreviven sin voluntad, y sin accionar en pos de resolver los problemas que los aquejan.

El empresario que deja que su organización esté ganada por el desorden, por los manejos poco profesionales, por deficiencias en la comunicación, por el dominio de los ineptos, por la falta de profesionalización, entre otros muchos males, y aplaza de modo crónico acciones y decisiones fundamentales, sabe mucho de esto y del callejón sin salida que significa contentarse con la seguridad del ?dejar las cosas como están?.

El precio es muy alto. Lo paga él o ella, su familia, la organización toda, hasta sus descendientes. Vale la pena reflexionar.

Son esta inacción y falta de previsión las que pueden ponernos repentinamente de cara con lo inevitable: el estancamiento de la organización, el vacío de soluciones ante el fallecimiento o incapacidad de un familiar o de una persona clave de la empresa, una deuda acuciante, magros resultados económicos, la enemistad de dos socios?una onda expansiva que todo lo cubre.

¿Tiene solución este mal que aqueja a tantos? ¿Tenemos a quién pedir la ayuda adecuada? ¿Hemos acudido a expertos que pudieran colaborar, orientarnos y asistirnos o nos encerramos en nuestra única mirada de la situación? ¿Realmente hemos querido -hasta este momento- solucionar el problema? ¿Nos dimos el permiso de hacer algo por nuestra organización?

En el séptimo arte también se procrastina, pero nosotros podemos cambiar el final en la emblemática película ?Lo que queda del día? (The Remains of the Day), su autodestructivo personaje protagónico resulta muy ilustrativo: escudado en la postergación, el correcto y rígido Primer mayordomo Mr. Stevens deja pasar al amor de su vida, llegando a negar e intentar no sentir ni registrar la necesidad del amor.

Se autoengaña, cumple mecánica y obedientemente con su rutina, actúa como inerte víctima de su destino: ?Total la vida es así, nada puede cambiar?.

Tristemente, aquella muchacha parte para casarse con otro hombre. Es entonces cuando se da cuenta del amor perdido y de que la joven a la que tantos años amó en silencio, esa sencilla y atractiva ama de llaves a la que tuvo tan cerca y de la que vivió enamorado sin jamás decirle nada ni responder a sus intentos de acercamiento, se ha ido.

Cuando Mr. Stevens reacciona y se replantea su vida, solicita el retiro de su metafórica función de mayordomo que le permitía mantener las cosas ?en orden?, inalteradas, sin movimiento, quietas en su lugar.

Ya es demasiado tarde, lo que queda del día no le alcanza para reparar esa deuda consigo mismo. ¿Y si lo hubiera intentado? Durante toda su vida postergó actuar, decidir, preso de un temor enorme y oculto. Nunca se comprometió con su deseo. El protagonista nada puede reparar. Pasó su tiempo de actuar.

La inacción puede convertirse en la ?acción? más dañina hacia nosotros mismos, negándonos la mirada en perspectiva de la situación/realidad a la cual se pretende llegar. Al aplazar, entonces, también postergamos el compromiso con nosotros mismos y los proyectos más profundos y significativos de la propia vida. Nada más errado que cerrar los ojos, cruzar los brazos y postergar. Nada más alejado de la vida y de la creación. Sin embargo, hay otros desenlaces posibles.

La vida de una organización puede, en este aspecto, compararse a la de un individuo, que puede elegir hacerse responsable o no de su destino.

Cuando por fin logramos observarnos y advertimos estar presos en el mecanismo de la postergación, es el momento en que podemos actuar, pedir ayuda, comenzar a solucionar, a intervenir en la realidad, como verdaderos sujetos, dejando de estar entregados a un destino de derrota y fracaso, deshaciéndonos de la resignación frente a lo que no nos gusta ni queremos para nosotros y nuestra empresa.

Pedir ayuda profesional es un gran comienzo. Poner manos a la obra es el comienzo de la solución. Una nueva etapa, cuando todavía queda mucho del día.

lunes, 3 de mayo de 2010


LA IMPORTANCIA DE CERRAR HERIDAS Y ABRIR PUERTAS



Ps. Paulo Daniel Acero Rodríguez


El desarrollo humano es uno de los temas centrales de organismos internacionales como las Naciones Unidas y preocupación de primer orden de los líderes mundiales, pues se entiende que no se puede separar el desarrollo económico, tecnológico y social del desarrollo de los seres humanos. Si se tienen los mejores recursos y desarrollos, pero los seres humanos se estancan, están inermes, se perciben incapaces y se resignan como si estuvieran fosilizados psicológica, emocional y espiritualmente, tendremos un futuro poco prometedor.

Desde esta reflexión, se asume que lo que garantizará un mundo mejor a las generaciones venideras, no es solo que se superen las brechas económicas y las inequidades sociales (lo cual no implica no sea una necesidad urgente), sino que se trabaje por seres humanos que, convencidos de que son superiores a aquello que les sucede, acepten el reto que la vida les hace, miren al futuro con esperanza y que tengan la determinación de abandonar la posición victimista de quedarse culpando enteramente al pasado o al presente, por su actualidad difícil y por su futuro incierto.

Si bien no se puede desconocer que los faltantes económicos, afectivos y económicos hacen mella en el ser humano en crecimiento ( y aún en aquellos que, presuntamente, ya dejaron de crecer – hasta en el proceso de la muerte hay aprendizajes y crecimientos-), tampoco se puede ignorar lo que la historia nos muestra en innumerables casos en los cuales quedan en evidencia seres humanos que han superado esos faltantes y han desarrollado estrategias de afrontamiento y características que les permite, no solamente resistir los embates de la tragedia y la adversidad, sino adoptar posiciones flexibles para reacomodarse y, aún más, crecer a partir del evento adverso, a la manera del águila que usa el viento contrario para remontarse más en las alturas.

Desde nuestra experiencia, uno de los obstáculos más grandes para crecer y desarrollarnos como seres humanos, consiste en la imposibilidad para cerrar heridas y abrir puertas para avanzar al futuro.

CARACTERÍSTICAS DE QUIENES NO HAN CERRADO HERIDAS:

- Quienes no han cerrado heridas suelen ser personas temerosas del futuro y, con frecuencia, tienen a flor de labios un “pero es que...”, un “y que tal que...” o un “este no es el momento para...”, es decir, buscan continuos justificantes para la no acción, para el no avance.
- Quienes no han cerrado heridas, no solamente pasan por la vida “mirando por el espejo retrovisor” sino que tienen como patrón de comportamiento señalar que lo que otros hicieron o dejaron de hacer en pasados años, días o meses, es la causa directa de que ellos no hayan podido alcanzar sus sueños. No dudan en señalar a otros como responsables de lo que a ellos les sucede. En términos más psicológicos, son personas con locus de control externo.
- Quienes no han cerrado heridas, con frecuencia, viven en función de criticar a los demás y no son capaces de reconocer los logros de otros y de dar crédito a que los mismos se deben a la inteligencia, entereza o habilidades de ellos, sino que pregonan que lo que los demás han obtenido ha sido producto de la suerte, del destino, de las influencias o. inclusive, de las trampas o artimañas utilizadas.
- A quienes mantienen heridas abiertas, les cuesta mucho “gozarse con los que se gozan” y les es difícil felicitar sinceramente a otros por sus avances y conquistas.
- Las personas que tienen heridas emocionales sin cerrar, buscan que los demás los compadezcan por “la vida tan dura que les ha tocado” y encuentran satisfacción en que se les diga: “antes no estas más mal”, es decir, adoptan una posición de víctimas y les encantan las políticas asistencialistas de las personas y de los gobiernos.
- Quienes tienen heridas sin sanar, tienen temor a establecer relaciones serias de pareja y por ello son superencantadores cuando las relaciones se mantienen en lo superficial, pero, a medida que se les pide asumir compromisos, o que ven que las relaciones van tomando visos de madurez, provocan situaciones que lleven a la ruptura.
- Cuando alguien no ha cerrado bien sus heridas, se deja dominar por el temor de dejar la casa paterna, y en los casos en que se atreven a dejarla solo lo hacen físicamente, pues no ponen limites a las relaciones permitiendo o invitando a sus padres a que tomen parte de las decisiones al interior de la pareja como por ejemplo: dónde vivir, como decorar, cuando y cuantos hijos tener, entre otros.
- Si no han cerrado adecuadamente sus heridas, cuando son padres, estas personas se interponen continuamente en las relaciones sociales y amorosas de sus hijos, manifestando que ninguna persona “da la talla” de los que su hij@ merece.
- Quienes tienen heridas sin cerrar, pueden llegar al extremo de enfermar a sus propios hijos para obtener ganancias secundarias, como por ejemplo, asegurarse compañía (Síndrome de Munchausen)
- Cuando una persona no ha cerrado sus heridas, ante la muerte o separación de un ser querido, suele hacer duelos complicados porque cree que ellos le dejaron el mandato de que, la única manera de demostrarles que si fueron queridos, es que jamás vuelvan a ser felices y, en consecuencia suelen sentirse mal por sentirse bien.
- Quienes no han realizado el proceso de cerrar sus heridas, “no se alegran, pero sienten un fresco” cuando otros fracasan, pues ello les hace sentirse mejor dado que “es bueno confirmar que somos los únicos caídos en desgracia…”.

Por otro lado; quienes han realizado el proceso intra e interpersonal que permite cerrar heridas, se colocan en disposición para poder, sin ningún lastre, realizar el proceso de abrir puertas.

CARACTERÍSTICAS DE QUIENES ABREN PUERTAS:

- Quienes abren puertas para si y para otros, reconocen, tanto con la razón como con la emoción, que las partidas y las separaciones son inherentes al hecho de estar vivos.
- Las personas que han dado el paso para abrir puertas, se dan el permiso de llorar cuando experimentan alguna tristeza, pues reconocen que las lágrimas son una respuesta natural a la aflicción.
- Los que se colocan en posición de abrir puertas, no temen mostrarse vulnerables, de manera que pueden hablar con otros de sus temores y vacíos, dándose la posibilidad de recibir expresiones de apoyo y compañía.
- Quienes abren puertas, reconocen que hay cosas que no se pueden manejar solos y, en consecuencia, se permiten buscar ayuda.
- Las personas que cerraron sanamente sus heridas y abren puertas, prefieren abrazar a otros que abrazarse a la pena.
- Quienes abren puertas son capaces de reconocer y expresar sus emociones, pues comprenden que no hay emociones buenas ni malas sino emociones expresadas adecuada o inadecuadamente y que el mayor problema es no darle palabras al dolor, pues cuando esto no se hace el cuerpo habla a través de las enfermedades.
- Quienes han determinado permitir que sus heridas cierren, a pesar de lo doloroso del proceso, y abren nuevas puertas, construyen un recuerdo agradecido de las personas que les acompañaron por algún momento, largo o breve de la vida, pues comprenden que cada persona que nos acompaña en el camino de la vida trae una lección que no debe ser desestimada.
- Los seres humanos que abren puertas generan para si y ayudan a otros a generar identidades diferenciadas, pues saben que obligar a otros a cumplir los sueños propios, equivale a impedir que ellos realicen los suyos.
- Para estar en el grupo de quienes abren puertas, hay que tomar la determinación de no reprobar el curso en el que nos inscriben quienes se separan de nuestro lado, y se disponen a integrar la experiencia vital de la pérdida y construir sentido a partir de la experiencia compartida y la nueva etapa que viene con toda pérdida.

jueves, 25 de junio de 2009

sábado, 27 de diciembre de 2008

Aprender a fluir...



Aprender a fluir, la mejor receta para vivir en un "mundo líquido"



Por Tesy de Biase
Para LA NACION


El escenario social actual no despierta resonancias muy alentadoras: muchos pierden el trabajo en un contexto laboral inestable y precario; otros pierden la vida en calles inseguras (asaltos, crímenes automovilísticos), y la mayoría pierde las certezas en un mundo que fluye.
El panorama no se circunscribe a la realidad local. Para describir esta arena movediza, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman utiliza un término extraído de la física. En su libro Modernidad líquida (Fondo de Cultura Económica) describe las condiciones de existencia social inasible e inconsistente, que se repiten en una buena porción del planeta.
Tomando conceptos del pensador francés Pierre Bourdieu, Bauman recorre los nombres que la actual encrucijada humana encarna en distintos puntos geográficos: précarieté, en Francia; incertezza, en Italia; insegurity, en Inglaterra, y en Alemania, unsicherheit , una palabra que da cuenta del fenómeno que intenta aprehender y articular: 'La experiencia combinada de inseguridad, incertidumbre y desprotección'.
'Cada contexto social y cultural genera sus propias formas de incertidumbre. En la Argentina dependen mucho de las políticas económicas, y se manifiestan como inestabilidad laboral e inseguridad en la calle', dice la terapeuta argentina Janine Puget, quien desde hace décadas estudia 'la inscripción de eventos traumáticos en la subjetividad social'.
Comenzó analizando los efectos que el asesinato de Kennedy produjo en la sociedad estadounidense, más tarde los efectos del terrorismo de Estado en la Argentina de los 70, y hoy centra su análisis en la desocupación, que 'convierte a las personas en objetos descartables', y en la violencia social, especialmente aquella provocada en asaltos y secuestros, en la que una persona queda a merced de otra.
Todas situaciones extremas que súbitamente invierten las condiciones de vida y provocan una desorganización psíquica que se manifiesta como un estado de perplejidad, al que Janine Puget describe como 'un estado mental caracterizado por la desorientación, la angustia, la vacilación y el desconcierto'.
A partir de un evento de estas características, el mundo ya no es el mismo, las certezas se desvanecen y las coordenadas sobre las que cada persona se sostenía parecen derrumbarse. La vida pierde el carácter estable y sólido que se le adjudicaba.
Las respuestas a estos tsunamis existenciales son básicamente dos: la parálisis (la persona queda bloqueada, sin posibilidad de actuar) o el pensamiento creativo, que busca salidas, aunque todas las puertas parezcan cerradas.
Puget entiende que quienes frente a un hecho desestructurante e imprevisible se repliegan, enojan, angustian y encierran, pierden la capacidad de acción. Quienes, en cambio, enfrentan la situación con un pensamiento abierto conservan la capacidad de sorpresa, desalojan el conformismo, la apatía y la indiferencia, y seguramente, tienen más posibilidades de modificar esa realidad.
Los ejemplos son múltiples: las Madres del Dolor o los padres de los chicos de la tragedia de Santa Fe, que luchan por la seguridad vial para que otros no sufran lo que sufrieron sus hijos.
Frágil, leve e incierta :
Aunque sólo lo recordamos frente a situaciones límite, la condición humana es impredecible, y la incertidumbre una condición inherente a la vida misma. Sistemáticamente construimos certezas que nos permiten crear la ilusión de previsibilidad, pero la vida es frágil, leve e incierta. Si no aceptamos este carácter movedizo estructural, en el contexto de un mundo que fluye, imparable, corremos el riesgo de derretirnos sobre una montaña de certezas que la corriente disuelve.
Para sostenerse en un mundo líquido sin ser arrasado por la realidad es imprescindible aceptar la vulnerabilidad como una característica ineludible de la naturaleza humana. Fluir en un mundo que fluye, y recuperar el valor de construir en una realidad que atenta contra toda solidez es una condición de la existencia moderna.
A los 25 años, Montserrat Font es una representante indiscutible de la 'sociedad de la modernidad líquida'. Contratada temporalmente por una cadena hotelera internacional europea, asume: 'Hoy en día, inestabilidad laboral hay en todas partes.... Yo tengo contrato por seis meses a renovar, pero no sé qué pasará. A veces, me preocupo por la posible pérdida de mi puesto de trabajo, pero enseguida vuelvo a una forma de pensar más optimista y adaptada a nuestros tiempos. Hoy en día casi no hay trabajos para siempre. Por eso trato de aprovechar lo que me ofrece esta experiencia laboral y más adelante se verá. En la vida siempre aparecen nuevos obstáculos? lo importante es aprender de ellos y superarlos'.
Tal como sintetiza una frase de autor incierto que recorre la Web últimamente: 'Vivir no es esperar a que la tormenta pase; es aprender a bailar bajo la lluvia'.
REPENSAR
• Crear nuevas categorías para pensar el presente: explicarlo a través del pasado esconde el riesgo de confundir tiempos y sucesos históricos, y, lo que es peor, de repetirlos.
• Confiar en la capacidad humana para reconstruir el presente: y no en la capacidad de destruirlo.
• Cambiar el eslogan de 'todo tiempo pasado fue mejor' por 'podemos construir un mundo mejor'
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